Si desaparezco, familia, no me busquen después de tres días… (H.P.)
registren sobre ropaje, solo olvidos,
sólo olviden;
mi camisa que está la tierra;
manchada esta y ya nada vale, y ya nada me atañe,
más que su caminar.
Abre una huesa en tu corazón e inhuma allí todos mis recuerdos
deja sobre la tierra los zapatos de deporte que nunca usaré,
que el polvo degrade la tinta de Jehová;
para que no haya cisuras en lo que crees.
Si un día no regresó, borra todo aquello que te recuerde a mí
voltea a otro lado, y sigue sin mí el camino de mis pies,
nada de aquí nos pertenece, solo fuimos en paseo imaginario;
una silueta traspapelada en la sombra del pleito de otros
Calla y no grites, mantén en mudez, el grito anudado en tu garganta;
que no se rompan tus ojos la afonía de mi alma.
Recoge los andares que mis discursos hicieron,
para que no te digan que me han visto;
para que nadie más adjetivase verbos,
para que no duelan las efemérides,
para que los estruendos no vuelvan;
y se tornan oscuros, mezquinos, injustos, sacrílegos…
mejor enciende una pira con cada una de las frases;
para que nadie más adjetivase los versos.
Payo



















